Redacción de Monte al Día
El glaucoma es una enfermedad crónica que daña progresivamente el nervio óptico —el que lleva las señales visuales al cerebro— y constituye la principal causa de ceguera irreversible en el mundo. Se caracteriza por ser silenciosa: en sus etapas iniciales no presenta síntomas, no duele ni avisa, por lo que muchas veces el diagnóstico llega cuando el daño ya es irreversible.
A nivel global, más de 80 millones de personas viven con glaucoma, y alrededor del 50% lo ignora. En Argentina, afecta a más de un millón de personas, con una prevalencia que supera el 6% en mayores de 40 años y llega al 10% en mayores de 70.
El factor de riesgo principal es la presión intraocular elevada, que lesiona el nervio óptico. En el país, el 40-50% de la población no se ha tomado la presión ocular en los últimos cinco años, lo que resalta la urgencia de los controles preventivos.
“El glaucoma avanza lentamente sin dar señales tempranas. Por eso es clave diagnosticarlo antes de que la persona note pérdida visual”, explica Gabriel Bercovich, oftalmólogo especialista en glaucoma y vicepresidente de la Asociación Argentina de Glaucoma (ASAG).
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Los especialistas recomiendan realizar un control oftalmológico anual a partir de los 40 años, o antes si hay factores de riesgo como antecedentes familiares, presión ocular alta, miopía o hipermetropía severa, o diabetes.
“Existen tratamientos efectivos —gotas para bajar la presión, láser o cirugía— que preservan la visión cuando se detecta a tiempo”, agrega Anahí Lupinacci, especialista en glaucoma del Hospital Universitario Austral.
Una vez diagnosticado, el seguimiento debe ser de por vida, con controles periódicos (al menos 1-2 veces al año) para controlar la presión y evitar la progresión hacia la ceguera.
María Angélica Moussalli, del Hospital Italiano, recuerda que la presión ocular normal está entre 10 y 21 mmHg; valores superiores requieren evaluación. El tipo más común es el primario de ángulo abierto, que suele aparecer después de los 35-40 años.
El mensaje es claro: no esperes síntomas. Un simple control oftalmológico con medición de presión ocular, fondo de ojo y evaluación del nervio puede salvar tu visión.
















