Redacción de Monte al Día
Mucho antes de revolucionar la ciencia moderna con sus ideas sobre la evolución de las especies, un joven Charles Darwin recorrió la llanura pampeana a caballo. Corría septiembre de 1833 cuando el naturalista inglés, que viajaba por el planeta a bordo del famoso barco explorador HMS Beagle, decidió bajarse de la embarcación en el puerto de Bahía Blanca y emprender una travesía terrestre hacia Buenos Aires. Aquella aventura lo llevó a cruzar de lleno el actual partido de Monte.
Para el refinado científico de 24 años, encontrarse con el paisaje montense de la época fue un choque cultural y geográfico fascinante. Lo que hoy es una pujante ciudad turística e histórica, en aquel entonces era una de las zonas de frontera más importantes de la provincia, caracterizada por sus fortines y la inmensidad del pastizal.
Un episodio de justicia implacable en San Miguel del Monte (1842)

Gauchos, bizcachas y la laguna
En sus diarios de viaje, publicados posteriormente bajo el título El viaje del Beagle, Darwin anotó con lujo de detalles todo lo que observó en la región. Le llamaron poderosamente la atención las costumbres de los gauchos locales, a quienes describió como jinetes extraordinarios y hospitalarios, aunque le generaba cierta desconfianza el constante clima de armas y facones que se respiraba en las postas del camino.
A nivel científico, los alrededores de Monte y las orillas del Río Salado fueron un laboratorio a cielo abierto. El joven inglés pasó días enteros cazando y clasificando aves nativas, y quedó maravillado por la enorme cantidad de bizcachas y pequeños roedores que habitaban el suelo pampeano. Sus minuciosas anotaciones sobre la fauna de estas lagunas y campos serían, años más tarde, piezas clave para armar el rompecabezas de su gran obra maestra: El origen de las especies.

Charles Darwin joven (imagen reconstruída con IA)
La sombra de Rosas en la frontera
El paso de Darwin por Monte no fue puramente naturalista; también tuvo un fuerte condimento político. Para poder transitar libremente por una provincia convulsionada por los conflictos civiles y las campañas al desierto, el inglés tuvo que entrevistarse personalmente con Juan Manuel de Rosas en su campamento cerca del Río Colorado.
Rosas, quien ya tenía su famosa estancia Los Cerrillos en Monte y comandaba a los temibles “Colorados del Monte“, le otorgó un salvoconducto firmado de su puño y letra. Gracias a ese papel, los soldados de la Guardia del Monte y las partidas rurales que custodiaban los caminos no solo lo dejaron pasar sin inconvenientes, sino que además lo escoltaron y guiaron a través de las intrincadas huellas criollas.

Charles Darwin en Monte (imagen creada con IA)
“Nadie se atrevería a tocar a un extranjero que tuviera la firma del General“ — llegó a escribir Darwin en sus bitácoras, dejando constancia del absoluto control que Rosas ejercía sobre todo el territorio provincial.
Casi dos siglos después, las calles y la laguna de San Miguel del Monte guardan el lejano eco de aquella cabalgata histórica. Un hito que conecta de manera directa a los pagos bonaerenses con una de las mentes científicas más brillantes y revolucionarias de la historia de la humanidad.
















