Por Monte al Día
Adoptar niños mayores no solo es una necesidad urgente, sino una oportunidad única para brindar amor, estabilidad y un futuro prometedor a quienes más lo necesitan.
Un panorama que no podemos ignorar
En muchos países, los niños mayores representan una gran proporción de aquellos que esperan ser adoptados. Según datos de organismos internacionales, aquellos de entre 6 y 17 años suelen tener menos probabilidades de encontrar una familia permanente en comparación con los bebés. Esto se debe a diversos factores: prejuicios sobre la dificultad de criar a un niño mayor, temores sobre su historial emocional o la creencia de que los lazos familiares son más difíciles de formar con el paso del tiempo. Sin embargo, estas percepciones no reflejan la realidad de lo que significa adoptar a un niño mayor.
Rompiendo mitos: los niños mayores también sueñan con una familia
Adoptar a un niño mayor no implica solo desafíos, sino también enormes recompensas. Estos niños suelen tener una mayor capacidad de comunicación, lo que permite a las familias adoptivas construir relaciones basadas en el diálogo y la comprensión mutua. Además, muchos de ellos son conscientes de su situación y anhelan profundamente formar parte de una familia que les brinde seguridad y cariño.
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“Los niños mayores no solo necesitan un hogar, sino que también están listos para dar amor y contribuir a la dinámica familiar”, explica María López, trabajadora social especializada en adopciones. “Muchos han desarrollado resiliencia y una madurez emocional que los hace únicos. Solo necesitan una oportunidad”.





















