Por Leo Lettieri para Monte al Día
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, hizo explícito su ingreso a la carrera presidencial. Durante el cierre del plenario federal del espacio “Movimiento Derecho al Futuro” (MDF) en el partido de Avellaneda, el mandatario bonaerense no dejó margen para las especulaciones y se postuló como el principal líder de la oposición de cara al próximo calendario electoral. Su discurso, sin embargo, no solo apuntó a confrontar con el gobierno nacional, sino que operó como un movimiento táctico de gran peso en la tensa interna que atraviesa al peronismo.
La física criolla del peronismo: entre el milagro de la unidad y el fantasma de la fractura
“Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa que nos deje terminar con este modelo, pero sobre todo que nos permita empezar una etapa distinta”, sentenció Kicillof ante la militancia. La frase marca un punto de inflexión: es la confirmación explícita de su voluntad de encabezar la boleta nacional y de estructurar un armado propio que trascienda las fronteras de la provincia que gobierna.

El tono de su alocución estuvo signado por una fuerte polarización con la Casa Rosada. Kicillof llamó a “recuperar el orgullo y la convicción” y diagnosticó que el problema estructural “no es la Argentina, sino que es Javier Milei”. En esa línea, ensayó un mensaje de contención para su base electoral: “Hay que resistir, hay que luchar y hay que aguantar porque falta menos para terminar con esta pesadilla”.
Kicillof: el armado de su candidatura entre la pelea con el Gobierno y la interna peronista
Más allá de la contienda con el oficialismo nacional, el plenario del MDF funcionó como un escenario diseñado para exhibir musculatura política en medio de la disputa por la conducción del Partido Justicialista (PJ). En este contexto de fricción constante con La Cámpora y el sector referenciado en Máximo Kirchner, Kicillof delineó cómo pretende que sea la arquitectura de su liderazgo.
Con un lenguaje cifrado pero inequívoco para los oídos peronistas, el gobernador exigió construir una nueva mayoría “desde abajo, a la luz del día y de cara a la sociedad”. Esta formulación analítica sugiere un contraste deliberado con los armados de cúpula o las negociaciones a puertas cerradas, métodos frecuentemente criticados en la dinámica interna del justicialismo en los últimos años.
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No obstante, Kicillof buscó evitar la ruptura explícita y aclaró que esta nueva construcción “no se hace contra nadie del campo popular, se construye para el pueblo y sus necesidades”. Es un intento de consolidar su centralidad sin detonar los puentes con los demás actores de peso en el espacio, que también evalúan sus propios movimientos de cara a la disputa presidencial.

El lanzamiento en Avellaneda deja inaugurada una nueva etapa en la política nacional. Kicillof ya no solo administra el principal bastión de la oposición, sino que asume el desafío de liderar al peronismo hacia un nuevo horizonte. Como él mismo sintetizó en el cierre de su discurso: “No vengo a invitarlos solamente a organizarnos para ganarle a Milei, sino para empezar una historia nueva, distinta y mejor. Pienso en un futuro digno, en paz. Ese es nuestro compromiso y nos pusimos en movimiento para construirlo”.



















