Por Monte al Día
A poco más de una hora de la Capital Federal, Lobos en la tranquilidad rural se puede tocar el cielo: el histórico aeroclub Fortín Lobos, fundado en 1959, forma pilotos, promueve la aviación y despierta vocaciones desde las alturas.
Con una flota de cuatro aviones además brinda paseos aéreos de unos 20 minutos —aunque pueden extenderse según el interés de cada visitante— que permiten sobrevolar el paisaje, campos sembrados y los alrededores de la ciudad. El recorrido se vuelve un regalo inolvidable para muchos: cumpleaños, aniversarios o simplemente una excusa para vivir una primera vez en la aventura de las alturas.
En Lobos, volar es una forma de explorar, pero también de soñar.

“El verano pasado vivimos una experiencia sumamente emocionante cuando un hombre de unos 80 años acompañado por sus vecinos pudo concretar su sueño de volar”, rememoró el instructor Matías Juárez.
Algunos chicos que volaron por primera vez como pasajeros regresaron años más tarde para comenzar su formación como pilotos. Resulta que en ese breve tiempo suspendidos, algo cambia: mirar desde arriba transforma la manera de habitar lo cotidiano.

Más allá de la emoción del vuelo, la propuesta es también una invitación a ver la provincia desde otra perspectiva. En Lobos, volar es una forma de explorar, pero también de soñar.
















