Por Leo Lettieri para Monte al Día
El reciente escándalo protagonizado por José Luis Espert puso en evidencia, una vez más, las falencias en el armado de listas de La Libertad Avanza (LLA) y la estrategia política del presidente Javier Milei. Envalentonado por el triunfo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde el candidato fue el actual vocero presidencial Manuel Adorni pero Milei nacionalizó la campaña poniéndose al frente, el presidente asumió que su imagen personal era suficiente para garantizar el éxito electoral, sin importar los nombres en las listas. Sin embargo, los hechos demostraron que esta apuesta fue un error.
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El 7 de septiembre, en las elecciones bonaerenses, Milei tuvo una oportunidad clara de darse cuenta de que su liderazgo, por sí solo, no basta para movilizar al electorado. A pesar de las advertencias de sus asesores, el presidente decidió encabezar la lista con José Luis Espert y Karen Reichardt, dos figuras que generaron controversia desde el inicio. Espert, el primero en la lista, tuvo que bajarse tras ser vinculado a un presunto narco, un escándalo que sacudió la campaña de LLA. Por su parte, en Casa Rosada reconocen que Reichardt, la segunda en la lista, carece de la preparación necesaria para liderar una boleta o enfrentar un debate político.

El tercer candidato, Diego Santilli, representante del PRO, intentó capitalizar la situación presentándose como un “superhéroe” en busca de un triunfo épico en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la Justicia le impidió asumir el primer lugar en reemplazo de Espert, dejando a LLA en una posición aún más comprometida. La demora de Milei en apartar a Espert no fue casual. Aceptar su salida implicaba reconocer un error estratégico: haberlo colocado en el primer puesto de la lista a pesar de las advertencias.
A este panorama se suma la ruptura con los gobernadores y el desfinanciamiento a las provincias, una decisión que derivó en la pérdida de aliados clave en el Congreso de la Nación y constantes derrotas legislativas para el oficialismo. La tensión con las provincias debilitó la capacidad de negociación de LLA, dejando al gobierno en una posición vulnerable frente a la oposición. Como si fuera poco, las presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), que salpican a Karina Milei, hermana del presidente, sumaron más leña al fuego. En medio de este incendio político, el gobierno, que durante meses menospreció al PRO en cada negociación política y electoral, ahora busca apagar la crisis recurriendo a un dirigente de ese espacio, en un intento desesperado por recomponer su imagen y recuperar terreno.
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Actualmente, el oficialismo centra sus esperanzas en movilizar a los votantes antikirchneristas que no participaron en las elecciones del 7 de septiembre y en reconquistar al electorado libertario, especialmente a los jóvenes que en 2023 apoyaron a Milei pero que ahora muestran desilusión. Este desencanto no solo se debe a la persistente crisis económica que afecta al país, sino también a los reiterados errores políticos y escándalos que debilitaron la imagen del gobierno en los últimos meses. Con el objetivo de fortalecer su conexión con las “fuerzas del cielo”, Milei organizó un recital en el Movistar Arena, donde la denominada Banda Presidencial interpretó clásicos del rock nacional, buscando reavivar el entusiasmo de su base electoral.
En un escenario donde la credibilidad de LLA está en juego, el gobierno enfrenta el desafío de recomponer su imagen y movilizar a su base electoral. La pregunta que queda en el aire es si Milei, el presidente, logrará aprender de estos errores o si, por el contrario, las fisuras en su estrategia política seguirán profundizándose.

















