Inicialmente se habló de un ataque por parte de una patota de unos seis jóvenes tras un cruce de insultos, pero la investigación dio un giro clave: uno de los amigos de la víctima (de 17 años) confesó haber sido el principal agresor, mientras otro observaba. El joven fue detenido y la Justicia analiza cámaras de seguridad para confirmar los hechos.
Thiago recibió golpes concentrados en la cabeza que le provocaron un hematoma cerebral no quirúrgico y hundimiento de cráneo según algunas versiones. Tras ser atendido en el Hospital Municipal de Pinamar, fue derivado al Hospital Bicentenario de Esteban Echeverría, donde permanece internado en terapia intensiva luchando por su vida.

Thiago estuvo internado en Pinamar y lo derivaron a Esteban Echeverría.
El fiscal Juan Pablo Calderón, del Departamento Judicial de Pinamar, intervino tras la denuncia familiar y ordenó medidas para esclarecer el episodio, que inicialmente parecía un ataque grupal aleatorio y ahora revela dinámicas de violencia entre pares en contextos de ocio nocturno.
Este caso no es aislado. En las últimas temporadas de verano, Pinamar y otras localidades balnearias registraron múltiples episodios de golpizas en patota, peleas entre jóvenes y agresiones que terminan en lesiones graves. A nivel nacional, la violencia juvenil muestra una tendencia preocupante: informes de la Corte Suprema indican un aumento en causas penales contra adolescentes, con más privaciones de libertad y delitos graves cometidos por menores. El Gobierno impulsa reformas al Régimen Penal Juvenil ante casos de homicidios, robos violentos y abusos protagonizados por chicos de 13 a 17 años, mientras expertos advierten que la baja de imputabilidad sola no resuelve causas profundas como la falta de contención familiar, exposición a drogas, marginalidad y banalización de la violencia en entornos digitales y presenciales.

Muelle de Pinamar.
La golpiza a Thiago, que pasó de “patota desconocida” a agresión de un amigo cercano, refleja cómo la violencia se naturaliza entre adolescentes: discusiones menores escalan a golpes salvajes sin medir consecuencias, en un contexto donde la impunidad percibida y la falta de prevención agravan el problema.
La comunidad de Pinamar y el país siguen con preocupación el estado de salud del joven, mientras crece el reclamo por políticas urgentes de prevención, educación y contención para frenar esta escalada de violencia juvenil que pone en riesgo vidas y futuro de toda una generación. La investigación continúa para determinar responsabilidades y evitar que hechos como este se repitan.

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